MAGNET IN DARK©. Capítulo 1 “Los Tres”.

"The Three Stooges (Los tres chiflados)" © Pablo Lobato:

Hola, ¿cómo han estado?

Ésto va a ser simple; hoy voy a transcribir aquí, mi primer Capítulo de “Magnet in Dark.

Como ya saben soy escritora dentro de Wattpad. Sí, únicamente una joven autora, entre muchos, muchos más allí.

Si les va gustando la trama, y no han descubierto todavía Wattpad pueden entrar a cuya aplicación por los link que he puesto en cada capítulo dentro de “Viaggiare“.

STOP!, basta de parloteo, aquí dejo mí primer capítulo y deseo que lo disfruten tanto como yo al escribirlo.

 

 

“Considera esto el consejo del siglo. 

Considera esto el desliz que me hizo arrodillar, decepcionado. 

Y si todas estas fantasías se van cayendo. Ahora he dicho demasiado. 

Creí escucharte reír. Creí escucharte cantar.

Creo que creí verte intentar. Pero eso fue sólo un sueño, eso fue sólo un sueño”.

Letra; R.E.M ‘LOSING MY RELIGION’ (en español)

 

 

1

LOS TRES

Esos ojos del color del petróleo me persiguen hostigando a mi cuerpo una y otra vez, persistentes como si tirara de un hilo invisible para unirme —a ese alguien— que no logro descubrir tras las negras ondas de aquel cristal. Al parecer se acerca tras ese espejo, impresionándome al oírlo, en realidad al ver la forma en que sus labios abiertos se mueven en un grito gutural y silencioso. Contemplo ello mientras con masoquismo me estremezco, de tal manera que mis pies resbalosos y sudorosos se enroscan entre sí, inesperadamente una sombra se apodera de mis manos impidiendo caer al frío y oscuro lago justo y exacto cuando comenzaba a ponerme inestable. Con mis ojos abiertos pero no logro ver nada, exclamo desesperada por el ardor en ellos y el miedo tras ésta oposición entre el espejo y yo, una persona me abraza dando un ardor distinto, pesado y tan sencillamente cálido, que hace que me funda… En un sueño.

«Estás soñando Iona, despierta y despiértame contigo.»

Abro mis ojos, que duelen por haberlos apretado tan fuerte, cuando los parpados se despejan lentamente. Noto a mí alrededor algo perdida, aún con la vista borrosa. Habitando sólo en mi cabeza un murmullo de una voz persistente… Y nerviosos susurros, todos míos.

De pronto un golpe me toma por sorpresa, haciendo que caiga a gatas con un susto de muerte delante del sofá. Contemplo despacio, alejando los rizos de mi vista con un soplido hacia un lado observando de dónde provino ese ruido. El cuerpo hormiguea entumecido, debí haber quedado mal colocada, adormecida en ese sillón y al instante que las puntas de mis mejillas están enrojecidas; las manos con leve temblor y en ellas recorren un furor. Busco por la habitación, paralizada no sabiendo donde estoy pero rápidamente los olores a hogar me inundan. Aún estas en tú hogar en el estar y es de noche, no era más que un sueño, me digo mientras abrazo la piedra que cuelga de mi pecho que me tranquiliza por un momento.

El ruido de televisión era lo que me tomó por sorpresa, una escena de “Los Tres Chiflados”. Mi padre Arturo ríe a carcajadas. Ni idea como ese programa en blanco y negro lo hace olvidar de todo y tan en complemento a su asiento. Al mismo segundo que estoy fija en él, sus ojos azul cielo rotan desprendidos de la escena cuando dirige su vista dónde ahora estoy de pie; pregunta con asombro en su voz, encogiéndose de hombros filosóficamente.

—Cariño; ¿estás bien?, te quedaste dormida unos treinta minutos. —Dice mientras mira el reloj en su muñeca—. Oh, y en un santiamén. Te ves cansada. —Arturo me contempla embelesado y ajeno a lo sucedido. Gran amor hacia mí brota de sus poros, es tan obvio. Hace un gesto dando palmadas al brazo del sofá, donde reposa frente al televisor—. Ven, mira por septuagésima vez conmigo a estos tres, total, mañana ya te librarás de éste viejo.

Sin timidez alguna ni vergüenza sacudo la cabeza; rodando los ojos hago caso a mi amable tano.

Simulando para ocultar mi oscuro nerviosismo—. ¡Vamos, vamos, lo miraré contigo! —Tomo asiento y cruzo los pies sobre los tobillos, doy al instante un suspiro y deslizo el brazo diestro en un abrazo, tomando a mi padre Arturo e inclino la cabeza a la suya para expresar estar tan cómoda como de costumbre.

 

editado para el libro
Ilustración de Majo.Sr

 

Más tarde, me encamino a mi habitación, y escucho entretanto sonidos de vajilla y cubiertos en el comedor; mamá recoge la mesa.

Sin algo de comida me fui, no tuve apetito, el estómago se habría encogido. Al percibir que mi cabeza no se halló en ninguna conversación que mis padres manejaron, prácticamente enmudecí, no podía entablar algo de corrido sin pensar en cosas —que a decir verdad— eran tan locas, me había quedado sin habla. Sólo fingí seguir el hilo, aunque sus voces no dejaron de ser un murmullo en mi cabeza.

Mareada camino por el pasillo, después de desligarme con gracia de la insistencia de mamá, porque acabara de cenar; sigo el trayecto hasta mi cuarto cuando repentinamente viene a mi uno de los sueños.

«Recuerdo ver bastidores —muchos cubiertos en lienzos pálidos— a la espera susurran por diversos baldes con colores… Seducen, tentadores. Pero otra cosa detiene mi andar, una luz, que de golpe enceguece. Sacándome del trance, me desvío. Enfrenté unos inmensos espejos con marcos tallados y mis dedos cayeron impacientes sobre góticos grabados que exhiben una sepulcral batalla: hombres con alas, enormes alas que sobre ellos otra escena se desplaza, ángeles cayendo al parecer. Entrecierro los ojos para ver algo que acapara la atención, un personaje que resalta en la madera tomado del hombro de una mujer que con su mano diestra señala un horizonte.

Resumo: me entretuve bastante con él, estos parecen contar una historia.»

O pesadilla tal vez sin respuesta a ello; luego de ver esas sombras obscuras tras los espejos, el olor del campo impregnado ahora, ya no es dulce sino, que al olfato me repugna. Colocada de espalda en el marco de mi habitación, deposito la cabeza dejándola ir tras los recuerdos, ese caballero… Sus ojos, sus alas imperiosas de un cóndor, parecen seguir persiguiendo mi memoria. Incluso a lo largo de éste he descubierto que ni ese sueño habría sido tan aterrador como el de ésta noche. Necesito algo de distracción para alejar el sabor amargo del recuerdo. Parpadeo ligeramente para esfumar esos pensamientos y logro una sonrisa agria y una mueca en la cara—. Mal, un trastornado sueño, pésimo Iona Sabatelli, ¿en qué pensabas?

Apenas llevo las manos para frotarme la cara, no llegan a destino ya que fijo mi mirada algo pasmada, hacia las uñas, sucias y muy  negras. «¡Noo!» Levanto tan ágil la cabeza con cara de algo de loco. Corro hacia el baño.

¿Qué sucede…? Esto no es real, no es real.

Luego de unos minutos, culmino con los dedos enrojecidos debido al empeño por desligarme de la suciedad, voy directo a mi habitación y me aviento en la cama siendo un despojo de lo que fui, literalmente separada del cuerpo, allí reposo. Por fin enciendo mi música para relajarme cuando en los jeans el móvil comienza a sonar haciendo que salte; tomo la llamada algo molesta y confundida.

—Hola —contesto bajito—, hola.

¡Hi! —Una voz como trompeta saltó del otro lado.

—Hola, Cloe. —Dije sin inmutarme, bajo los hombros y observo sobre la mesa de noche la hora, el reloj marca casi las once.

Me mofé reprochándole—. ¡Supongo que no me llamas para re-solver el tema de la tesis para el proyecto! —Con voz burlona y, muerdo el labio ocultando una sonrisa.

Cloe contesta sin parar, como estar exhalando e inhalando con rapidez, seguro está en camino hacia algún lugar.

—¡Uy, eso duele Iona! No me trates como una ñoña, ¡sin responsabilidades! Sólo me lo tomo un poco con cautela. A parte, estoy con vos en ello, ¡já! —Exagera su risa—. No me cambies el tema, te conozco Iona, me quieres persuadir; te llamo para salir, yo sé, es domingo. Te preguntas si soy tonta, ¿qué hay en Colonia del Sacramento[1] un domingo?

—No Cloe. Respecto a lo de tonta lo he podido superar de ti. —Sonrío muy tranquila—. ¿Y hacia dónde planeas ir?

—¿Eh?, yo; mmm…, pensé en llevarte a conocer un lugar nuevo, tranqui para festejar que casi llega el final de las clases; y por el viaje al que nos embarcaremos.

—Ah, okey me preparo y voy. ¿Dónde te encuentro?

—No, no estoy cerca. Paso por ti.

—Cloe, pero te advierto, no digas nada sobre Nueva York, ¿dale? —La voz en susurro como si nos escucharan—. ¿Sí Cloe?

—¡Siií! Iona, ¿cuándo les dirás, que completaste las solicitudes y te admitieron en la universidad? Es un buen propósito, es lo que ambicionaste, ya te lo dije. No haces mal Iona, es tu futuro y eres brillante en lo que haces.         Su voz es ronca tan madura, casi reprendiendo.

Yo pestañeo, ocultando la cara con mis brazos y me tiro a la cama como si estuviera mi extrovertida amiga mirando.

Podía ver a Cloe toda regañona, con su piecito golpeando el suelo, siendo exasperante.

—Solamente has lo que te pido, por favor, se los voy a comentar cuando sea el momento.

 

Unos minutos después, abajo en la sala se encuentran mis padres mirando sus programas, y en ese tiempo escucho a alguien llamar a la puerta, de seguro es Cloe.

—¡Pum…pum! —Cloe al otro lado del cancel.

—Pasa.

—Adelante.

Dicen Arturo y Amalia, juntos en el living.

Amalia debajo del antebrazo, acurrucada en Arturo, tan hermosa mujer, su sonrisa amplia y amigable. Cabello castaño y ojos negros. Mientras que Arturo, da el aspecto de todo un italiano, como sus padres lo eran; descendiente de la raza. Con nariz pronunciada, ojos saltones de color azul. Tez clara, oh, como olvidar los bigotes característicos y tan personales de Arturo.

—¿Cómo estás, Cloe?

—Bien, Amalia, —le da un beso en su mejilla—. Acá en busca para salir con Iona. Antes de mañana de regreso a Buenos Aires e ir a clases.

Arturo de pronto cuestiona con una voz ruda, pero no simula la simpatía en sus ojos, recuperando su compostura del sillón—. ¿Y, dónde van? Mañana a madrugar, eh. —Forma una amplia sonrisa al acercar su dedo índice señalando su mejilla en dirección a Cloe. Ella se acerca y deposita un beso en él y lo mira con una mirada de pesadez, pero sabe que bromea los conoce desde pequeña y no posee en su persona una pizca de vergüenza.

Amalia comenta—: ¿Tu padre, bien? Hace mucho que no pasa por aquí. ¿Está de viaje ese trotamundos?

—Creo que… yo no lo he visto hace casi un mes, no me sorprende, se lo han secuestrado por allí, en Euro o Asia, yo que sé. Sólo me llama y me envía e-mails. —Distraída en sus respuestas Cloe pasea por la sala.

—Ah, ese Señor Báez, está siempre consumido en el trabajo, aunque parezca con menos kilos que yo y más joven. —Dijo Arturo tocando su barriga—. Los años te llegan y la historia te consume, tendría que disfrutar.

Contemplo como Cloe se encoje de hombros y ladea su cabello al hacer pucheros. Ese largo pelo color anaranjado, cayendo en ondas y un flequillo sobre sus ojos que rasca sobre su tez blanca las pecas que posan en su pequeña nariz, y que cubren parte de su rostro.

Sus piernas largas merodean aburridas por la sala, y con su mano baja el vestido estampado oscuro con flores, las pantys negras cubren su piel de porcelana y unos zapatos altos —que por cierto no necesita— con su altura de cigüeña. Inquieta ajusta su cazadora negra y debe ser porque esta noche dejó su gorra habitual de su look de chica hipster.

—Hola amor, no te habíamos visto entrar. —Dice Amalia, al verme de pie en la sala—. Ven cielo, aquí está nuestra otra pequeña, esperándote.

Ay má, soy muy sigilosa, —apreté la boca dibujando una sonrisa—. Vamos, ¿qué lugar es ese? ¿Es nuevo? —Comento a Cloe con interrogantes, cambiando de postura para verme más alta, llevo unos jeans apretados junto a un abrigado jersey de un eléctrico azul.

Se acerca y me planta un beso bien baboso, sabe que lo detesto —un poco— arrugo mi nariz y ella ríe mientras habla—. No lo sé, Erika me llamó, dijo que nos espera para beber cervezas artesanales. Por su expresión está bien.

Arturo, da un salto y toma las llaves de la mesa junto al velador.

Lo miro perpleja, muy seria. Pero antes que dijera algo, interrumpe mamá.

—Arturo deja que marchen ellas, la noche no está fría. Además, que caminen un poco se aprecia más. ¿Qué les va a suceder aquí en Colonia? No es Buenos Aires… Y ellas se desenvuelven bien. Sólo encontrarán un poco de turistas con ganas de conocer latinas… —Con una notoria risa, vuelca su cabeza y mira entre ojos a su esposo—. Es broma, dejá, son responsables. ¡Por Dios, Iona y Cloe ya tienen veintidós!

—Vale, . Casi veintidós. —Arturo regaña entre dientes—. Pero no se olviden que mañana toman el buque, ¡eh!

Doy un brinco colocándome veloz el saco, y extiendo la mano a Cloe, beso a papá luego a mamá, y nos encamino hacia el zaguán.

En definitiva, nos presentamos donde Erika espera ansiosa, algo absorbida por la noche y tal vez algo de copas. El lugar suena bien, se ve bien. Como una casa reciclada común del diseño de los lugares aquí en Colonia. Algo viejo, algo nuevo.

—¡Hola! —Dice Erika, al sobresaltar su entusiasmo al vernos, está como siempre con su brillo a pleno. Tampoco se encuentra sola, dos muchachos con ella situados que observan curiosos por detrás, no parecen de por aquí.

Le abrazo, y por arriba de su hombro noto a uno de los chicos allí de pie, la clase de hombre que jamás me interesaría. «Vaya, Vaya que tatoo. —Habla mi yo divertido.»

Erika habla callando mi fea voz interior—, ¡adentro “porteñas” que la noche es corta! —Se detiene abruptamente al mirar el punto céntrico de mi pecho—. ¿Por qué no te quitaste esa grotesca piedra, al menos te la sacas para bañarte, Iona?

Por un momento no sabía a qué quería ir con ello, pero era cierto jamás me desasía de mi regalo más bello, mi colgante con su roca negra.

No hacía falta mirarnos con Cloe, ni con Erika para saber o adivinar lo que cada una pensaba. Y mi cara decía, vete al diablo.

Cloe me pellizca el trasero, y me hace hacer una mueca y reír a la vez, mientras nos dirigimos hacia dentro.

Terminando la noche, y cada cual se fue lentamente.

«Despierta Iona.»

«Abre tus ojos.»

Me incorporo rápidamente al no saber de dónde provienen esas voces, por fin mi vista se enfoca en un punto sobre el techo. Despierta en otro día. En cuanto oigo con atención, algunos sonidos que provienen de la calle, las voces fuertes traídas de afuera. Seguro, turistas demasiados entusiasmados.

Vivimos en la ciudad vieja. Antes no era lo que es ahora, cuando llegaron los abuelos de Italia. La casa familiar, no era más que una medio en ruinas. Hoy cambió, papá y mamá le han sacado brillo a ésta. Es reciclada también, pero con su trabajo y esfuerzo la pulieron. Papá fue heredero del trabajo de su padre, años atrás la sastrería funcionó de popa, aunque ahora no era los mismo las ventas eran bajas, pero exclusivas y costosas.

Doy un tumbo torpemente en la cama, aún con las pestañas bajas y pegadas por el profundo sueño, y enseguida al hacerlo piso el pie de Cloe.

«¡Ay! olvide que anoche se decidió a quedar en casa.»

En puntillas me dirijo a la puerta del dormitorio, y cuando tropiezo otra vez escucho gemir a Cloe; soy muy mala en las mañanas. Camino con parsimonia con los cabellos hechos una maraña, y bajo sobre mi estomago la camiseta azul con letras casi borrosas y peculiares en su formato inscrito Kiss[2], y con un short más amplio que mi cuerpo. Asomada al pasillo, me dirijo al baño por una ducha y en el intervalo escucho música de fondo; mamá entona la canción “Amor Profundo” por Jaime Roos[3], un poco subida de tono, alto su volumen. Giré a donde me conducía, cerrando mis ojos para archivar este momento.

Cuando ingreso al lavado, me incorporo de pie frente al espejo tomando la piedra que anoche deposité allí antes de ir a dormir, ladeo mis cabellos y la añado de regreso a mi cuello. Mis dedos la acarician y contemplo cómo esta engulle los claros de la luz en ella, en su oscura roca. Y sin percatarme absorta en el pensamiento y extrañada, al punto de no saber porque aún pequeña, mamá me facilitó este objeto, ya que mis recuerdos siempre dicen que a Amalia nunca le apetece verme con ella.

Mis ojos vagan nuevamente en el reflejo del espejo cuando la puerta se abre, encontrándome con los tiernos ojos cafés de mamá.

—Ah, pichona no sabía que estabas despierta.

Lame su boca y cambia su mirada donde, sin darme cuenta mis dedos aferran con ahínco el ónix.

Doy un giro y la enfrento.

—Mamá, me preguntaba ¿quién te obsequió a vos la piedra?

Me mira sonriendo lentamente y, sé que finge—. Mmm, mía no lo es.

—Lo sé mamá, no tienes que decirlo, sé que odias este collar. ¿Pero, quiero saber a quién le pertenecía, que aún así me dejas tenerlo?

Sujeta y enrolla una y otra vez, un trapo de limpieza entre sus dedos y muerde su labio inferior—, ahm, yo, era…, agh, oh, ¡lo olvidé; el desayuno se quema! —¿El desayuno, se quema? Mueve sus manos delante y sus ojos se amplían, y veo despedir esta conversación, la evade, con poca sutileza—. Iona seguimos, después, ¿sí?

Sale sin dejar que responda. Veo su espalda mientras se aleja por el pasillo y desciende las escaleras con rapidez.

No, mamá, otro día más sin un después.

Oprimo el borde de la puerta con desanimo, y la cierro.

[1] Colonia del Sacramento, conocida en el medio local como Colonia, es la capital del departamento de Colonia, en el suroeste de Uruguay. Está ubicada en la ribera norte —izquierda— del Río de la Plata, a 177 kilómetros de Montevideo y frente a las costas de Buenos Aires, de la que dista sólo unos 50  kilómetros. Su barrio histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1995 al ilustrar la fusión exitosa de los estilos portugués, español y post-colonial.

[2] Kiss es una banda estadounidense de rock formada en Nueva York en enero de 1973.

[3] Roos popularizó el tema “Amor profundo”; en el disco contraseña, con voz de Freddy Bessio, cantor de murga que le puso su voz a la versión del tema de Alberto Wolf.

 

 

Título  original:  Magnet  in dark.  (Parte 1-  El  ónix) Copyright  © 2017  Majo.Sr All  rights reserved. ISBN-13:  978-1545327388 ISBN-10:  1545327386 ©All rights reserved-SAFECREATIVE, CÓDIGO RE.; 1507154633355

Queda total y prohibida la copia del texto aquí o en cualquier plataforma. Incluso las ilustraciones en muestra en este sitio o en cualquier otro. Todos lo derechos son únicamente de Majo.Sr.

 

Click en la imágen publicitaria; para encontrar Magnet en Wattpad.

 

PUBLICIDAD DE MAGNET

(Vieja entrada; Sinopsis de Magnet.)

Nos vemos mis viajeros, hasta el próximo capítulo,

¡Deseo sus comentarios, recuerden no se prohíban de hacerlos!

Una respuesta para “MAGNET IN DARK©. Capítulo 1 “Los Tres”.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s